El cultivo de cannabis creció rodeado de consejos que pasan de mano en mano sin que nadie los haya puesto a prueba. En Cogollos del Oeste tratamos de cultivar con lo que está probado, porque el tiempo y los recursos que se van en lo que no cambia nada faltan después para lo que sí. Con esta nota arrancamos una serie sobre esos mitos. El primero es el más antiguo de todos: la Luna.

El calendario lunar dice que en luna llena la savia sube y hay que cosechar; que en luna nueva baja a la raíz y es el momento de podar; que en creciente conviene sembrar. Lo siguen cultivadores desde la Roma antigua hasta hoy, y lo tomamos en serio: fuimos a ver qué se midió. Antes de empezar, una aclaración que ordena todo. La Luna tiene dos maneras de llegarle a una planta: la gravedad y la luz. Si cultivás indoor, tu planta no ve la Luna nunca, así que de las dos vías solo queda la gravedad.

El calendario lunar de cultivo, redibujado: en cada fase, una flecha dice si la savia sube o baja, y una anotación a mano pregunta «¿seguro?»

Un ejemplo de lo que dicen los almanaques. La pregunta es nuestra.

La gravedad: 36 centímetros

La Luna atrae a todo el planeta, pero como la Tierra entera cae hacia ella con la misma aceleración, ese tirón no se siente. Lo único que queda es la marea: la diferencia de atracción entre un punto de la superficie y el centro de la Tierra. Esa diferencia se mide con gravímetros y vale alrededor de una diezmillonésima de la gravedad terrestre (Wikipedia, «Tidal force»; NOAA). Entre la maceta y la punta de una planta de dos metros, la diferencia de marea es de unos 3,5 × 10⁻¹⁴ g, una cifra que no tiene nombre en castellano.

Para ponerlo en escala: la gravedad de la propia Tierra disminuye con la altura, y por eso subir la maceta 36 centímetros a un estante le cambia la gravedad a tu planta lo mismo que la Luna entera. Si querés hacerle una luna llena, subila al estante y listo. En presión, la marea modifica la de una columna de savia de dos metros en unos 0,002 pascales, mientras que la planta mueve el agua con tensiones de entre 0,5 y 2 megapascales: entre 200 y 900 millones de veces más. Por eso hay mareas en el océano y no en una pileta: el efecto necesita miles de kilómetros de agua para juntarse. Una planta es un vaso de dos metros de alto y milímetros de ancho.

Dos macetas con una planta: una en el piso y otra en un estante 36 centímetros más alto. La diferencia de gravedad entre las dos es igual a la marea lunar completa

La marea lunar, pasada a centímetros de estante.

Subir la maceta 36 centímetros a un estante le cambia la gravedad a tu planta lo mismo que la Luna entera.

Hay un segundo problema, y es de almanaque. Tanto en luna llena como en luna nueva, la alineación del Sol, la Tierra y la Luna refuerza el efecto de marea y da lugar a las llamadas mareas vivas: una mayor diferencia entre pleamar y bajamar. Lo decisivo es esa alineación, no cuánto vemos iluminado del disco lunar (NOAA, «Tidal Variations»). Por eso, un calendario que atribuye efectos opuestos a esas dos fases, como hacer subir o bajar la savia, no puede justificar esa oposición apelando a las mareas.

Esquema del Sol, la Tierra y la Luna alineados en luna llena y en luna nueva: en las dos, la Tierra muestra la misma deformación de marea

En luna llena y en luna nueva la alineación es la misma, y la marea también.

¿Y las mediciones? El estudio independiente más grande siguió 62 árboles de seis especies en Alemania y Suiza entre 2015 y 2020, con más de dos millones de registros horarios del diámetro del tronco, que refleja cuánta agua tiene el árbol. A lo largo de 74 ciclos lunares no encontró ninguna huella de la Luna; lo que explicaba el movimiento del agua era la sequedad del aire y la temperatura (Tumajer et al. 2023). Existe un grupo de investigadores que informa correlaciones entre la marea y el crecimiento de raíces y troncos, pero son correlaciones de un ritmo diario, no mensual, vienen de un solo grupo sin réplica independiente y una de sus revisiones fue retractada (Barlow y Fisahn 2012; Annals of Botany, aviso de retractación 2018).

Y para el cannabis hay un detalle que cierra la cuestión: los cannabinoides no viajan en la savia. Se fabrican en los tricomas, las glándulas de la flor, y quedan ahí, en la resina (Tanney et al. 2021). «Cosechar en luna llena porque la resina está arriba» está mal dos veces.

Veredicto: refutado

Setenta años de ensayos

Si el mecanismo no existe, queda la prueba empírica: sembrar en distintas fases y comparar. El ensayo independiente mejor diseñado lo hizo la Escuela de Agricultura de la Universidad de San Pablo: diez hortalizas sembradas en las cuatro fases, en bloques al azar con cuatro repeticiones. No hubo diferencias; la luna llena daba a veces el mejor rendimiento y a veces el peor, y las variaciones se explicaban por la temperatura y el fotoperíodo (Simão 1958).

Línea de tiempo de 1950 a 2030 con cinco ensayos: 1958 San Pablo, sin diferencias; 1990 Alemania, el calendario biodinámico no apareció; 2000 madera de luna, nulos; 2008 Brasil, no concluyente; 2023, 62 árboles sin ninguna huella lunar

Setenta años de ensayos controlados, y ninguna fase ganadora.

El calendario biodinámico, el de los «días raíz, hoja, flor y fruto», lo puso a prueba durante años un investigador del propio movimiento, en una granja biodinámica alemana. Encontró efectos lunares débiles, y los ritmos del calendario no aparecieron (Spiess 1990; Mayoral et al. 2020). Los ensayos que sí dan positivo no se ponen de acuerdo en cuál fase gana: luna llena para unos, luna nueva para otros, y los efectos de un año desaparecen al siguiente (Jovchelevich y Câmara 2008). Ninguno corrigió el problema de probar muchos ritmos a la vez, que es la receta para encontrar algo por azar (Chalker-Scott 2013). Sin mecanismo y sin ensayos a favor, no hay razón para esperar un efecto.

Veredicto: sin evidencia

Dos cosechas buenas no son una prueba

Acá vale detenerse, porque sirve para cualquier mito. Cada cultivo cambia la genética, el clima, el sustrato, los nutrientes y tu propia mano, que mejora con cada ronda. Y uno se acuerda de las veces que salió bien. Dos cosechas buenas siguiendo un consejo no demuestran el consejo. Los ensayos que citamos sembraron todas las fases a la vez, en el mismo lugar y la misma temporada, repetidas y en orden al azar: así las únicas diferencias posibles son las de la Luna. Eso es una prueba. Si con dos cultivos alcanzara, todos los fertilizantes milagrosos funcionarían.

Podar en luna nueva, y cortarse el pelo

Para la poda según la fase no apareció ningún ensayo controlado en ningún cultivo. Su fundamento es el de la savia que baja en luna nueva, que ya cayó. La analogía con el pelo es tan vieja como el mito: en el tratado agrícola de Varrón, del año 37 antes de Cristo, un personaje cuenta que se corta el pelo en menguante por miedo a quedarse pelado (Varrón, Rerum rusticarum I, 37). Dos mil años después nadie lo testeó: una búsqueda en la base médica PubMed no devuelve ningún estudio sobre crecimiento del pelo y fase lunar. Lo que sí está medido es que el pelo crece distinto según la estación (Randall y Ebling 1991). Con la poda pasa lo mismo: lo que importa es la estación y el estado de la planta, no la Luna.

Veredicto: sin evidencia

La luz: una millonésima

Acá entran solo las plantas de exterior. Una luna llena típica en latitudes como la de Buenos Aires da entre 0,05 y 0,1 lux; el máximo físico, con la Luna en el cenit en los trópicos, es de 0,3 lux (Kyba, Mohar y Posch 2017). El sol pleno da unos 100.000 lux. Un luxómetro común apenas registra la Luna. Para la planta, es alrededor de una millonésima de la luz del día: no la alimenta ni la impulsa.

Escala logarítmica de iluminancia en lux: la luna llena entre 0,05 y 0,3; el umbral más bajo medido en cannabis entre 0,5 y 0,8; un farol de vereda entre 5 y 20; una oficina, 500; el sol pleno, 100.000

Cada paso del eje es diez veces más luz. La Luna queda por debajo del umbral; el farol, muy por encima.

La pregunta seria es otra: el cannabis florece cuando las noches se alargan, y una luz de noche puede confundirlo. ¿Alcanza la Luna? Los umbrales están medidos. El más bajo que se encontró fue de 10 nanomoles de fotones por metro cuadrado y segundo, con la luz prendida toda la noche, todas las noches, y solo en los cultivares más sensibles (Eckels y Bugbee, Utah State, 2024). La luna llena típica queda entre 5 y 17 veces por debajo de eso, y encima alumbra unas horas por noche, tres noches por ciclo, cuando no hay nubes. En soja, un lux de luz nocturna (diez veces la Luna) no atrasó nada; con más de dos lux, la cosecha se demoró de dos a siete semanas (Palmer et al. 2017). Nadie midió nunca un efecto de la Luna en la floración del cannabis, y cada temporada millones de plantas de exterior florecen atravesando dos o tres lunas llenas sin que nadie haya documentado un atraso. La Luna no te cambia el fotoperíodo.¹

Veredicto: sin evidencia

Lo que sí lo cambia es la luz artificial de noche. El farol de la vereda, el reflector del vecino y las fugas de luz del indoor están diez, cien o mil veces por encima de la Luna, y ahí los atrasos de floración están documentados. En los ensayos de la Universidad de Guelph, el límite de luz parásita sobre las plantas es de 0,05 micromoles, y se controla con un sensor (Ahrens et al. 2023). En indoor, obvio: tu planta no ve la Luna, y lo único que importa son las fugas. Antes de mirar la Luna, mirá el farol del vecino.

Veredicto: real y útil

¿Y los mayas?

El argumento histórico suele ser que la humanidad siempre cultivó con la Luna, y que los mayas son la prueba. Los mayas tenían una astronomía lunar precisísima: calculaban eclipses y registraban en sus monumentos la edad de la Luna. Pero esos registros son rituales y dinásticos, y en el calendario agrícola que estudian los especialistas mandan el Sol y las lluvias (Malmström 1973; Ancient Mesoamerica). Lo mismo pasa en el texto agrícola griego más antiguo, donde las siembras las marcan las Pléyades, Orión y Arturo (Hesíodo, Trabajos y días), y en Egipto, donde la crecida del Nilo la anunciaba Sirio. ¡Capos los mayas!

La Luna era el reloj para contar los meses, no la señal para sembrar.

La siembra por fases sí está documentada entre campesinos mayas y latinoamericanos de hoy, con reglas que cambian de un pueblo a otro: luna llena para unos, menguante para otros (Mariaca Méndez 2003; Bassie-Sweet 2000). Esas reglas se parecen mucho a las de Catón, Columela y Plinio, y llegaron a América con los almanaques españoles (Tavenner 1918). El calendario de constelaciones, el biodinámico, es más nuevo todavía: lo armó Maria Thun en los años cincuenta.

Veredicto: sin evidencia

Donde la Luna sí hace algo

Ilustración a dos tintas: una polilla vuela entre un farol encendido y la luna llena, sobre unas plantas en maceta

La Luna le hace competencia a la lámpara, no a la polilla.

Descartarlo todo también sería un error. En el sur de España se muestrearon polillas durante 170 noches con dos trampas a la vez, una de luz y una de cebo. Con luna llena, la trampa de luz atrapó entre dos y cuatro veces menos; la de cebo, lo mismo de siempre. Había las mismas polillas: la Luna le hacía competencia a la lámpara (Yela y Holyoak 1997). Si ves menos polillas en la luz del patio en luna llena, revisá los cogollos igual. Y la Luna sí ordena la vida de otros seres: los corales desovan sincronizados por su luz (Levy et al. 2007) y hay insectos marinos con un reloj lunar en los genes (Kaiser et al. 2016). La Luna no hace esto; no es que no haga nada.

Muchas reglas campesinas guardan, además, un saber real, solo que estacional. Cortar madera «en menguante» suele ir pegado al invierno, cuando la madera tiene menos almidón y menos riesgo de insectos, y eso sí está medido; la fase, no. Hay un caso famoso en los Andes: los campesinos miran el brillo de las Pléyades en junio para decidir cuándo sembrar la papa, y resultó que están leyendo las nubes altas que anuncian El Niño (Orlove, Chiang y Cane 2000). La práctica era correcta y el mecanismo, otro.

Veredicto: real y útil

Lo que sí mueve el agua

Lo que gobierna cuánta agua mueve tu planta es la luz, la temperatura, la humedad del aire, el riego y la salud de las raíces. Ahí van el tiempo y la atención. Y si querés probar la Luna en serio, se puede: el mismo esqueje, plantado o podado en fechas alternadas por fase durante varios ciclos, pesado por alguien que no sepa qué fase fue y con la hipótesis escrita antes de empezar. Es justo lo que les faltó a los ensayos que hoy se citan a favor. Si lo hacés, contanos.

Menos almanaque, más higrómetro.

En una tabla

Lo que se dice Veredicto
La gravedad de la Luna sube la savia o concentra la resina arriba Refutado
Luna llena y luna nueva tienen efectos opuestos Refutado: tiran igual
Sembrar según la fase rinde más Sin evidencia, y sin mecanismo
El calendario biodinámico de constelaciones Refutado en su versión fuerte
Podar en luna nueva Sin evidencia: nunca se ensayó
Cortarse el pelo según la Luna Sin evidencia: nunca se midió
La luz de luna alimenta a la planta Refutado: una millonésima del sol
La luna llena cambia el fotoperíodo del cannabis Sin evidencia; por debajo del umbral medido
La luz artificial de noche atrasa la floración Real y útil
Los mayas antiguos sembraban por la Luna Sin evidencia: su agricultura era solar
Con luna llena hay menos polillas Hay menos en la trampa de luz, no en el cultivo
Cortar madera en invierno Real y útil: por la estación, no por la fase

¹ En una planta de laboratorio que florece con una sola noche larga, Pharbitis nil, la luz de luna atrasó la floración dos o tres días, y sus autores estimaron que en la naturaleza el efecto sería «muy leve, como mucho» (Kadman-Zahavi y Peiper 1987). Es el sistema más sensible que existe, y aun ahí el efecto fue de días. En cannabis no hay ningún estudio.

Fuentes