"La marihuana mata neuronas" es una frase que casi todos escuchamos alguna vez. Tiene un origen bastante preciso: un grupo de monos rhesus, un laboratorio de la Universidad de Tulane, en Nueva Orleans, y una audiencia en el Senado de Estados Unidos. En 2015 compartimos en este sitio una nota sobre el tema tomada de otra página, que además tenía errores. Acá la volvemos a contar, con texto propio y con cada dato atado a su fuente.
Un psiquiatra, electrodos y monos
Robert G. Heath era el jefe del Departamento de Psiquiatría y Neurología de la Facultad de Medicina de Tulane. Llevaba unos veinticinco años implantando electrodos en zonas profundas del cerebro, en cientos de monos y en decenas de pacientes. Con esa técnica empezó a estudiar el cannabis: primero registró la actividad cerebral de algunos pacientes mientras fumaban y, en 1973, publicó resultados en monos.
El diseño completo de sus experimentos recién se publicó en octubre de 1980, en la revista Biological Psychiatry. Fueron 21 monos repartidos en dos estudios. Algunos recibieron humo de marihuana con distintas frecuencias; otros, THC inyectado en vena, y otros, como control, humo de una marihuana a la que le habían extraído los cannabinoides. En el grupo de "fumadores intensos", la exposición era de tres sesiones por día, cinco días por semana, durante seis meses.
En el primer estudio, el humo llegaba por un tubo hasta la nasofaringe. En el segundo se usó una máquina nueva: el mono quedaba sujeto a una silla, dentro de la cámara de un respirador infantil adaptado, con la cabeza afuera y una máscara de anestesia. Un vacío le expandía los pulmones durante seis segundos para obligarlo a inhalar y después la máscara se barría con oxígeno. El ciclo se repetía hasta que se consumía el cigarrillo.
El equipo informó cambios persistentes en la actividad eléctrica de zonas profundas del cerebro y, al microscopio electrónico, alteraciones en las sinapsis, como un ensanchamiento del espacio entre neuronas, además de cambios en algunas estructuras internas de las células. Un detalle que casi nunca se cuenta: el mismo trabajo dice que al microscopio óptico no se vieron anomalías significativas en ninguno de los seis cerebros examinados. Lo que Heath describió no fueron "neuronas muertas", sino cambios ultraestructurales observados en muy pocos animales.
Del Senado a los titulares
Antes de cualquier publicación completa, el 16/05/1974, Heath presentó un informe preliminar, con datos de diez monos, ante un subcomité del Senado presidido por James Eastland. Allí sostuvo que sus datos mostraban efectos "probablemente destructivos" sobre el cerebro de los consumidores intensos. En la introducción de las actas, el propio Eastland escribió que no pedía disculpas por el carácter unilateral de esas audiencias: las habían planeado así a propósito.
Con los años, el relato fue sumando escenas. En la versión que popularizó el activista Jack Herer en su libro The Emperor Wears No Clothes (1985), los monos habían recibido el equivalente a "63 porros colombianos en cinco minutos" a través de máscaras y se asfixiaban, los detalles se conocieron solo después de que la revista Playboy y la organización NORML litigaran durante años, y Ronald Reagan había sacado de ahí una frase lapidaria. No encontramos esa cifra ni esa frase en ninguna fuente primaria, y tampoco pudimos documentar la historia del litigio. El procedimiento que describe el trabajo de 1980 es el que contamos más arriba. Por eso no repetimos esas versiones como hechos.
Qué le objetaron
Las críticas serias vinieron por otro lado. Según contó el psiquiatra Norman Zinberg en Psychology Today en diciembre de 1976, el farmacólogo Julius Axelrod, premio Nobel en 1970 y testigo él mismo en aquellas audiencias, le reprochó a Heath haber usado dosis desmesuradas, que según esa crítica equivalían a más de cien cigarrillos por día, sin estudiar la relación entre dosis y efecto: así, dijo, lo único que podía haber encontrado era una dosis tóxica. El trabajo de 1980 reconoce, de hecho, que las dosis del primer estudio fueron "estimaciones groseras".
La sospecha de que el daño viniera del humo y no del cannabis, por falta de oxígeno o por monóxido de carbono, es razonable en cualquier experimento de inhalación forzada, y es la objeción que más se repite. Años después, otro estudio con máscaras midió en monos alrededor de un 13 % de carboxihemoglobina un minuto después de cada exposición, tanto con marihuana como con humo sin THC. Heath respondió a esa sospecha en su propio trabajo: dijo que agregaba oxígeno, que los gases en sangre se mantuvieron normales y que tenía un grupo expuesto a humo sin cannabinoides. Pero ese grupo fue de dos monos, y solo uno llegó al microscopio electrónico.
En febrero de 1982, el Instituto de Medicina de Estados Unidos (IOM) publicó Marijuana and Health, una revisión de la evidencia hecha por un panel de 22 especialistas a pedido del gobierno federal. El informe no fue complaciente con el cannabis: concluyó que lo que se sabía justificaba "seria preocupación". Pero sobre los estudios que habían informado daño en la estructura del cerebro, entre ellos los de Heath, fue tajante: tenían defectos metodológicos y de interpretación suficientes como para que sus conclusiones no pudieran aceptarse. Señaló que se apoyaban sobre todo en dos zonas del cerebro de tres monos tratados, más un cuarto en el último trabajo; que, al parecer, el análisis "a ciegas" se aplicó recién después de fijar, preparar y fotografiar el tejido; que uno de los cambios descriptos, el agrupamiento de vesículas sinápticas, es una variante normal, y que nadie los había replicado. También dejó la puerta abierta: la posibilidad de cambios crónicos no estaba descartada y había que investigarla.
Lo que se encontró después
Esa investigación se hizo. En el National Center for Toxicological Research (NCTR), un centro federal de Arkansas, un equipo encabezado por William Slikker Jr. y Merle Paule entrenó durante un año a 64 monos rhesus machos adolescentes y después los expuso durante otro año, con una máscara que les cubría nariz y boca: un grupo recibía humo de marihuana todos los días; otro, solo los fines de semana; otro, humo de marihuana sin THC, y otro, una exposición simulada. Los resultados se publicaron entre 1991 y 1992. La salud general de los animales no se vio afectada y, siete meses después de la última exposición, los investigadores no encontraron cambios en los neurotransmisores medidos ni en los receptores cannabinoides de las zonas estudiadas. Según la síntesis de Lynn Zimmer y John P. Morgan, tampoco hubo diferencias en la arquitectura del hipocampo ni en el tamaño o el número de sus células.
No todo dio cero, y vale contarlo: mientras duró la exposición, los monos que recibían marihuana se esforzaron menos en una prueba de motivación, un efecto que desapareció entre dos y tres meses después de suspenderla. Y una revisión del propio NCTR fue prudente: en monos expuestos hasta doce meses no se había informado neurotoxicidad de manera consistente, y las exposiciones más largas todavía no se habían estudiado.
Por qué lo contamos
La historia de los monos de Heath no prueba que el cannabis sea inocuo. Prueba otra cosa: que un estudio chico, sin réplica y presentado primero en una audiencia política puede pasar décadas circulando como "ciencia" si dice lo que alguien quiere escuchar. La misma vara vale para nuestro lado, porque las promesas sin evidencia también hacen daño. Treinta y cinco años después del IOM, el informe que las Academias Nacionales de Estados Unidos publicaron en 2017 seguía diciendo que la evidencia concluyente sobre los efectos del cannabis a corto y largo plazo "sigue siendo esquiva", y señalaba como poblaciones más vulnerables a adolescentes y personas gestantes. Por eso en Cogollos del Oeste hacemos divulgación con fuentes: para que cada quien pueda leer lo que dice cada estudio, y no lo que le hicieron decir.
Fuentes
- Heath, R. G.; Fitzjarrell, A. T.; Fontana, C. J., y Garey, R. E. (1980). "Cannabis sativa: effects on brain function and ultrastructure in rhesus monkeys". Biological Psychiatry, 15(5), 657-690. PubMed · Copia del artículo en la bibliografía de MAPS
- Harper, J. W.; Heath, R. G., y Myers, W. A. (1977). "Effects of Cannabis sativa on ultrastructure of the synapse in monkey brain". Journal of Neuroscience Research, 3(2), 87-93. PubMed · Copia en MAPS
- Heath, R. G. (1973). "Marijuana: effects on deep and surface electroencephalograms of rhesus monkeys". Neuropharmacology, 12(1), 1-14. PubMed
- Senado de Estados Unidos, Subcomité de Seguridad Interna (1974). Marihuana-Hashish Epidemic and Its Impact on United States Security. Actas de las audiencias: introducción de James O. Eastland y testimonio de Robert G. Heath del 16/05/1974. Internet Archive
- Zinberg, N. E. (diciembre de 1976). Artículo de revisión sobre la investigación en marihuana. Psychology Today. Copia en MAPS
- Institute of Medicine (1982). Marijuana and Health. Capítulo 4, "Effects of Marijuana on the Brain", pp. 80-82. National Academies Press. Lectura en línea · DOI 10.17226/18942
- Maugh, T. H. II (19/03/1982). "Marijuana 'Justifies Serious Concern'". Science, 215, 1488-1489. Copia en MAPS
- Slikker, W. Jr., y otros (1991). "Chronic marijuana smoke exposure in the rhesus monkey. I. Plasma cannabinoid and blood carboxyhemoglobin concentrations and clinical chemistry parameters". Fundamental and Applied Toxicology, 17(2), 321-334. PubMed
- Ali, S. F., y otros (1991). "Chronic marijuana smoke exposure in the rhesus monkey. IV: Neurochemical effects and comparison to acute and chronic exposure to delta-9-tetrahydrocannabinol (THC) in rats". Pharmacology Biochemistry and Behavior, 40(3), 677-682. PubMed
- Westlake, T. M., y otros (1991). "Chronic exposure to delta 9-tetrahydrocannabinol fails to irreversibly alter brain cannabinoid receptors". Brain Research, 544(1), 145-149. PubMed
- Paule, M. G., y otros (1992). "Chronic marijuana smoke exposure in the rhesus monkey. II: Effects on progressive ratio and conditioned position responding". Journal of Pharmacology and Experimental Therapeutics, 260(1), 210-222. PubMed
- Scallet, A. C. (1991). "Neurotoxicology of cannabis and THC: a review of chronic exposure studies in animals". Pharmacology Biochemistry and Behavior, 40(3), 671-676. PubMed
- Zimmer, L., y Morgan, J. P. (1997). Marijuana Myths, Marijuana Facts. The Lindesmith Center. Capítulo "Marijuana and the Brain", que resume el estudio de neurohistología del NCTR (Slikker y otros, 1992). Internet Archive
- Herer, J. The Emperor Wears No Clothes, capítulo 15. Consultado para documentar la versión difundida, no como fuente de datos. Edición en línea
- National Academies of Sciences, Engineering, and Medicine (2017). The Health Effects of Cannabis and Cannabinoids. Resumen. Lectura en línea · DOI 10.17226/24625




